Acabo de terminar el sexto capítulo y, hasta este punto, el libro La casa de los Espíritus sobrepasa con creces mis expectativas. Imaginaba un libro más tenebroso: algo así como una casa de fantasmas en un campo solitario, a juzgar por su título y su portada de la casona señorial precedida por una larga arboleda.
Pero no, en la historia si hay espíritus y algunas otras cosas "especiales", que condimentan la lectura, pero es evidente que la obra es mucho más: son personas, formas de pensamiento, amores y desamores, luchas sociales, desdichas y costumbres. Que puestas en palabras guardaron en sus páginas una época a la que nos trasportamos a través de las vidas de sus personajes. Mientras leo, vivo en su tierra y en sus casas, como si los espiara, como si estuviera, igual que Satigny, en las sombras viendo como Blanca se dirige al río para amar a Pedro Tercero; Me gusta, también, la forma en la que el libro fue escrito: Allende te hace saborear los futuros acontecimientos bastantes páginas antes de que ocurran, lo en mi provocó que avanzara leyendo someramente las primeras páginas esperando llegar pronto a lo que me habían anticipado. Grave error. Tuve que comenzar a leer de nuevo y me di cuenta de que había dejado bastantes detalles interesantes en el camino, gracias a mi apuro.
Ahora avanzo a paso firme, y como ya dije he llegado al final del sexto capítulo donde Esteban Trueba me demostró que no me había dado cuenta de todo el tiempo que ha pasado (en el relato), ¡ya tiene sesenta años!, lástima que haya perdido a sus dos mujeres y en realidad, a todos los que alguna vez estuvieron con él, quedándose únicamente con una devastadora soledad, que me imagino o más bien espero, apacigüe su mal carácter y su desmesurado orgullo, producto de la privación de su niñez y su actual y excesiva riqueza, que no hubiese tenido nunca sin el trabajo de sus empleados, los mismos que mira con desprecio como si fuesen cucarachas.
Por otro lado Clara la que podría decir que conozco desde niña, así como a Tita en “Como agua para chocolate”, ha pasado de los mimos de su madre, de la Nana y Férula -su cuñada- y su actitud de más presencia en otro mundo que en este, a una mujer dispuesta a actuar, con los pies bien puestos en la tierra y se marchó a la cuidad con Blanca, luego de que Satigny delatara los encuentros de su hija con Pedro Tercero García, contra el que Trueba deseaba volcar todo su odio, un simple campesino y peor aún con tendencias izquierdistas, no era digno de su hija. Pero los años le jugaron en contra y el amante pudo escapar con algunos dedos menos, dejándole a Esteban un sentimiento de alivio, porque descubrió que en el fondo no quería matarlo. Nuevamente el orgullo lo había hecho caer, dejando siempre un espacio que le correspondía como apoyo de su mujer, y que Pedro Segundo suple bondadosamente.
Por otro lado Clara la que podría decir que conozco desde niña, así como a Tita en “Como agua para chocolate”, ha pasado de los mimos de su madre, de la Nana y Férula -su cuñada- y su actitud de más presencia en otro mundo que en este, a una mujer dispuesta a actuar, con los pies bien puestos en la tierra y se marchó a la cuidad con Blanca, luego de que Satigny delatara los encuentros de su hija con Pedro Tercero García, contra el que Trueba deseaba volcar todo su odio, un simple campesino y peor aún con tendencias izquierdistas, no era digno de su hija. Pero los años le jugaron en contra y el amante pudo escapar con algunos dedos menos, dejándole a Esteban un sentimiento de alivio, porque descubrió que en el fondo no quería matarlo. Nuevamente el orgullo lo había hecho caer, dejando siempre un espacio que le correspondía como apoyo de su mujer, y que Pedro Segundo suple bondadosamente.
Ahora quiero volver a la historia y ver si los amantes continuaran viéndose, aunque no lo dudo, no hay nada dicho.


Que bonita escritura, es una muy buena forma de incentivar a las personas a leerlo
ResponderEliminarmuy buen blog
:D
ResponderEliminarLo que dices de Tita y Clara me hace pensar en que tal vez acabas de descubrir un "arquetipo" de la Literatura latinoamericana del siglo XX: el de la mujer etérea, bellamente inalcanzable, que vive en otro mundo, escapando. Se repite también en una obra que leerás el próximo año, clásico de clásicos de GGM. Cuando la leas, recordarás esto que escribiste en marzo de 2013.
ResponderEliminarNo olvides preocuparte de la presentación (margen justificado en todos los textos).
Felicitaciones, excelente trabajo.