Aquí estamos otra vez en los zapatos de Winston, todo va normal, es decir igual de mal, pero le dicen que todo está mejor, pero no podía ser tan gris, y... ahí está la luz, una puertita de libertad.
Quién lo diría, si la odiaba por saber que anhelaba tener sexo con ella pero jamás lo tendría, que la mataría por delatora, y resulta ser que era todo menos lo que él creía, nada de pureza ni amor al Partido, pura audacia y promiscuidad, pura pobre rebeldía, eso es Julia, la amante de nuestro amigo, que no lo perseguía para descubrir sus delitos sino para ayudarlo a realizarlos.
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| Sexo: un instinto aún sobreviviente |
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| Julia y Winston en la "aniquilación de su cultura", su primer encuentro |
Este fue su primer encuentro, luego siguieron visitas intermitentes, tan pocas como lo permitía la "semana del odio" que tenía a todos con los nervios de punta trabajando como locos, -algo así como fin de semestre en el colegio-, pero cada vez el deseo de estar juntos era mayor, dejó de ser una posibilidad para convertirse en un necesidad. Lo anterior llevó a Winston a considerar la descabellada idea de tener un lugar propio, allí en ese cuartito que antes le había ofrecido sin ganas pero con esperanza el señor Harrintong, el de la tienda de antigüedades. Lo hizo, ya no tenía nada que perder, el peor crimen, que como él decía, encerraba a todos ya estaba cometido, el crimental, y cometido este ya no había vuelta atrás, tarde o temprano lo descubriría, y haya hecho más o menos, lo castigaran igual, tendrá que confesar de todas formas cosas que jamás pensó, así que mejor era aprovechar el tiempo que tenía, y hacerlas disfrutándolas. Así comenzaron una pequeña "vidapropia" juntos, algo imperdonable para el Partido.
Además, sus sospechas sobre la oposición de O'Brien al Partido eran ciertas, y junto a Julia, se unió a la Hermandad, de la cual ni siquiera los mismos miembros tenían más conocimiento que el necesario, o más bien básico, su única fuente de información, el Libro, que contenía todo lo que él ya sabía, todo lo que ya había maquinado, lo que hacía que se creyese a sí mismo loco, una "minoría de uno", pero no era así, allí estaba todo ¡era cierto!, y había más que pensaban como él, una luz de esperanza brillaba sobre sus cabezas, aunque no hiciera mucho efecto alumbrando la de Julia, que como dije era una pobre rebelde, pobre, porque aunque estaba en contra de todo lo que la rodeaba, el radio de acción de su pensamiento únicamente actuaba sobre su vida, y no tendría mayor efecto nunca sobre el resto, porque tampoco le importaba.
Me fascina esta parte de la obra en la que estamos, donde todo va viento en popa, con su convivencia, con la Hermandad, con ir contra el Partido, pero tú sabes que algo tiene que pasar y lo esperas con ansias. Me imaginaba miles de alternativas: una revolución, que asesinen a Julia, que ella siempre si haya sido una delatora, que Winston se suicide de cobarde, podían ser tantas cosas, pero nunca me imaginé que en ese lugar, en ese momento cuando precisamente de esperanza habla Smith, todo parecía más duradero, pero no ...
«..."Nosotros somos los muertos; el futuro es de ellos", pensó Winston pero era posible participar de ese futuro si se mantenía alerta la mente como ellos, los proles, mantenían vivos sus cuerpos. Todo el secreto estaba en pasarse de unos a otros la doctrina secreta de que dos y dos son cuatro.- Nosotros somos los muertos - repitió Julia con obediencia escolar.- Vosotros sois los muertos - dijo una voz de hierro tras ellos.Winston y Julia se separaron con un violento sobresalto. A Winston parecían habérsele helado las entrañas y, mirando a Julia, observó que se le habían abierto los ojos desmesuradamente y que había empalidecido hasta adquirir su cara un color amarillo lechoso. La mancha del colorete en las mejillas se destacaba violentamente como si fueran parches sobre la piel.- Vosotros sois los muertos - repitió la voz de hierro.- Ha sido detrás del cuadro - murmuró Julia.- Ha sido detrás del cuadro - repitió la voz -. Quedaos exactamente donde estáis. No hagáis ningún movimiento hasta que se os ordene.
¡Por fin, aquello había empezado! Nada podían hacer sino mirarse fijamente. Ni siquiera se les ocurrió escaparse, salir de la casa antes de que fuera demasiado tarde. Sabían que era inútil. Era absurdo pensar que la voz de hierro procedente del muro pudiera ser desobedecida. Se oyó un chasquido como si hubiese girado un resorte, y un ruido de cristal roto. El cuadro había caído al suelo descubriendo la telepantalla que ocultaba.
- Ahora pueden vernos - dijo Julia.- Ahora podemos veros - dijo la voz -. Permaneced en el centro de la habitación. Espalda contra espalda. Poneos las manos enlazadas detrás de la cabeza. No os toquéis el uno al otro.»
La primera vez que leí este trozo me sobresalté, tanto o más que ellos, -primer libro que lo logra-, y las veces siguientes también lo hizo pero ya no tanto -bueno quizá porque ya la he leído muchas veces-. De aquí en adelante me imagino que viene la tortura, golpes, dolor, hambre, humillación, gritos.
Veremos de que están hechos nuestros amigos -que frío sonó eso-, en esta parte podía haber afirmado con seguridad que aguantarían y aunque muriesen no los habrán vencido, habrá que ver como los tratan en el Ministerio del Amor, aunque es seguro que lo único tierno que tiene es su nombre, en la próxima estrada veremos cómo les fue en su tour.





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